miércoles, 8 de agosto de 2012

Veintiocho de la Alegría del Dos del Eterno Presente

Sencillez no es simplicidad, en el peor de los sentidos (el peor de los sentidos es el que nunca siente; es decir, el sinsentido). Sencillez es la Verdad de cada uno y del Uno Todo sin añadiduras ni adulteraciones. Lo "complejo" es lo propio del acomplejado, del que no reconoce ni siente ni vive la Sencillez. Y sin embargo nada puede superarla en complejidad (elaboración), precisión y belleza: Sencillez es lo espontáneo, en el Eterno Presente todo es espontaneidad. La mal llamada espontaneidad maliciosa no es verdadera espontaneidad, sino expresión programada en el estrecho cerebro de los mortales. La Sencillez no precisa de palabras, y sin embargo todas ellas juntas no podrían expresar siquiera un ápice de su mensaje, de su valor. Sencillez es el alma de la verdadera Educación, pues nadie es mejor educado que el hombre sencillo, transparente y auténtico. Gracias a la Sencillez, todo ese tesoro, toda esa abundancia, todo ese bienestar que le produce la conciencia de su Poder, está en sus manos, en su vida gozosa, en la de los suyos y en la de todos. En el Eterno Presente todos somos una gran familia, porque todos somos hermanos. Gracias a la Sencillez y al Poder de quien la reconoce y la vivifica, esta Alegría con la que etiquetamos este mes que ya concluye no dura sólo unos pocos días sino siempre, ni principia ni acaba. Y lo mejor de todo es que esta Sencillez no hay que descubrirla, inventársela o ganarla en alguna competición (esos son las religiones falsas, competiciones, como si fueran deportes), sino que es un don, un bien, que ya tenemos todos sólo por ser la Vida.

Jesús María Bustelo Acevedo

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