domingo, 5 de agosto de 2012

Veinticinco de la Alegría del Dos del Eterno Presente

Hola, Dorian. Gracias por su amable carta. Como veo que eres una persona bastante joven (igual que yo, eternamente joven), permíteme que te tutee. Siempre es agradable recibir una carta así, aunque sea en el momento y en el lugar más inesperado y cuestione de una manera tan directa el valor y la eficacia de tu trabajo. Dorian, el cinismo nunca da respuestas a nada; nunca ofrece soluciones, sino una recreación, una prolongación, de los problemas. En la vida, por otra parte, nunca hay ningún problema que no sean aquellos que por propia voluntad hemos decretado que lo sean. No es aconsejable intervenir en la experiencia vital de cada uno; sin embargo, nunca puede ser malo promover doquiera una actitud positiva y constructiva en nuestras vidas; acompañada siempre, por supuesto, de un disfrute sano y profundo de aquello que resume todas las verdades: el Amor, el Amor en el Eterno Presente... El Amor, que es el Presente Eterno. Dorian, el tiempo existe si es eso con lo que de propia voluntad decidimos identificarnos; ¿qué prefieres tú: este tiempo caduco (con sus tres ingredientes que le son propios: miedo, dolor y culpa) o esta Eternidad placentera con todos sus atributos permanentes, amorosos y benéficos? Donde tú decidas, hacia allá tenderás. Incluso tú mismo identificas dónde está el dolor cuando dices: "Ojalá no existiera el tiempo, entonces no existiría todo ese dolor...". ¿Ves, Dorian? Tú no sabes lo mismo que yo: tú sabes más que yo. El que escribe no es más que un mensajero circunstancial: la sabiduría está en el que lee, él es el sujeto activo. El que escribe, escribe lo que tiene que aprender; el que lee, lee lo que ya sabe. Sabemos que en la realidad (la falsedad, desde la perspectiva del Eterno Presente) se cometen muchas injusticias: precisamente esa es la razón primordial para promover la identificación con el Eterno Presente de todos los mortales (ellos son los inmortales, pues lo mortal en ellos es aquello que ellos no son): la finalidad de construir un mundo bello, justo, bueno (un mundo que ya está construido y se llama precisamente así, Eterno Presente). No hay que añadir nada, no hay que buscar ninguna salvación, ceñirse a dogmas, mandamientos, preceptos o adoraciones... Todas esas cosas son del mundo temporal, del mundo de la confrontación; en resumen, del mundo que levanta todas esas injusticias que tanto y tan razonablemente te indignan (será en otro momento cuando hable de por qué la indignación no sirve para nada, no es fecunda ni eficiente: sólo ponerse a trabajar con fe, con decisión y entusiasmo es lo que da resultados positivos)... Ah, si yo pudiera hacer ese milagro, créeme que lo haría ya (ya es siempre). Pero acepto tu reproche: la cabeza no es lugar adecuado para el Amor, lo correcto es que el Amor vaya a la cabeza, a la cabeza desde el corazón. Un abrazo. Laverhali.

Jesús María Bustelo Acevedo

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