viernes, 22 de junio de 2012

Nueve del Amor del Dos del Eterno Presente

Es el Sol del Silencio quien nos abraza, nos transmite todo aquello que las palabras no pueden decir. No es el vacío, es la plenitud. No es trabajar sobre sí mismos, es descansar de quienes no somos: esa es la Eternidad. Es la Divinidad que nos vivifica perennemente. Nunca está aquí porque siempre está en todas partes. Nunca llegó ni devendrá porque ya es. Jamás está en los labios si estos no se besan. Nadie lo abraza si no está abrazado. No lo comprende quien no es Amor. Tiene un cuerpo de fuego pero no hace daño. No existe para quien vive en el dolor. La muerte se ríe de él: es una broma para cuanto no es Vida. Entonces sabemos qué es el infierno: todo aquello que niega al Eterno Presente como el suicida niega su vida. Sin embargo, la Eternidad no es algo que se gane; es la expresión auténtica y desnuda de la vida. Las hadas, los niños, los ángeles, los sueños, la música, las flores, las mariposas... Todos lo saben, saber es ser. Sólo los muertos tienen memoria. El tiempo es una mentira, como el espacio: los dos cuernos de un demonio que tampoco existe. La mentira tampoco existe cuando se es en la Verdad. ¿Dónde va la oscuridad cuando brilla el Sol, el Sol del Silencio? Es el Sol del Silencio quien nos abraza y no hay lenguaje más puro, más sabio y más placentero que aquel que está en sus rayos que nacen de nuestros corazones. Desde el Infinito y en la Eternidad.

Jesús María Bustelo Acevedo

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